El turista y la diferencia
Dice Agustín Fernández Mallo en Nocilla Lab (Alfaguara):
“El turista recorre países y siente empatía por lo que allí descubre debido únicamente a que todo le recuerda a algo que ya existe en otros lugares que ha conocido, algo que sin ser exactamente igual a lo que ya ha visto, es en cierto modo igual, el Replicante de Blade Runner, y todo esto tiene mucho que ver con lo que entendemos por frontera, por solapamiento de dos superficies, porque hallar una novedad absoluta sería monstruoso, insoportable, una pesadilla, en la misma medida que también lo sería la identidad absoluta.”
¿Será cierto? ¿Nos horrorizaría la visión de algo inédito en un país diferente al que conocemos? De hecho, ¿por qué viajamos? En mi caso, me siento como pez en el agua en un lugar que desconozco, rodeada de extraños que hablan una lengua que no es la mía y comen platos que no he visto antes. Yo creía que buscaba la innovación, la diferencia, la sorpresa. Pero esta mañana en el autobús, mientras comenzaba la tercera novela de Fernández Mallo, he comenzado a dudar.
De lo único que estoy segura es de lo siguiente: la permanencia provoca analfabetismo. Sólo viajando aprendes según qué cosas que son necesarias para vivir. Sí, desde luego, me encuentro muy a gusto en el lugar donde nací, pero aquello de “como en casa en ningún sitio” es una coletilla de ignorante. En definitiva, ¿qué grado de diferencia o de similitud nos pone en marcha el cerebro? ¿Qué valoras tú más cuando viajas, el reconocimiento o el asombro?

What’s the difference? de KayVee.INC


Viajar nos hace más sabios y libres, aparte de curar debilidades ombliguistas. Así que la opinión del Nocillo me la trae fresca. Incluso creo que no voy a leer la tercera entrega de la serie, pues le he cogido manía, no por feo, que lo es un rato largo, sino por sus opiniones simples y freakies sobre la lírica, con eso de la postpoesía. Un moderno antiguo, es lo que me parece el mozo, ea.
No he leído su libro sobre poesía, pero por lo que cuentas me lo ahorraré. Eso sí, las Nocillo-novelas me han enganchado desde el principio.
Para quien haya leído o visto en pelicula la novela de Paul Bowles “Sheltering sky”, se acuerdará que comienza haciendo una diferencia entre turista y viajante. El primero corresponde a la definición en Nocilla Lab, el turista que busca tortilla adonde no hay huevos, gazpacho adonde no hay tomates; el segundo se entrega al desconocido con la curiosidad de quien quiere ver horizontes infinitos, adonde perderse, para volver o no volver, si esto es su destino. El libre arbidrío también es esto, ser turista o viajante. That’s up to you. Y buen viaje.
yo últimamente la huida
Lo que más agradezco cuando viajo es encontrarme con la sonrisa de alguien porque es un gesto universal que todavía me sorprende. Busco el reconocimiento. Coincido con Fernández Mallo en el horror de la identidad absoluta y por eso me asusta que las ciudades que conozco, que no son muchas, es verdad, estén convirtiéndose en clones. Mismas tiendas, cafeterías, mismas películas, misma ropa…
Estoy con Julio: no puedo con el nocillas. A mí me gusta viajar para conocer lo que no conozco. Aunque, siendo totalmente sincero, me gusta viajar para comer lo que nunca he comido…