Alice: Vivir para ver, querido; no dirás que no.
¿Cómo quieres que lo tome, con o sin gas?
Si es que dejas poco margen a la imaginación,
la verdad. La cosa y el caso se resumen así:
a los sesenta años, colado hasta las cachas,
quieres ser padre con un loca de treinta
que no está por la labor de dar un hijo a nadie.
Peter: Bonito título, aunque un poco largo,
para una película de Almodóvar, desde luego.
Vale, Alice, merezco tu ironía; seguro.
Pero lo que quiero es que me ayudes a convencerla
de que no aborte. La tía está decidida y no
quiere ya ni oírme hablar más del tema.
Tiene cita la semana que viene. Si no fuera
tan burra… Y claro que nuestro amor va en serio,
aunque sabes que tú siempre serás la titular.
Alice: Honor que me haces, si pudiera creerte;
pero mi cinismo no es tan sofisticado como
el tuyo. Ni titular ni suplente en tu corazón.
Guárdate tus cursiladas de viejo verde
para esa amante histérica que te has buscado.
¿Convencerla yo de que no haga lo único sensato
que he oído de ella? Un niño no es un perrito
para que te haga compañía en la vejez, Peter.
Peter: No hables así, por favor. Eres la única
persona a la que puedo recurrir. Quiero a ese hijo
y Bea lo querrá también cuando lo tenga.
Sólo que está asustada; y la comprendo, claro.
Es una locura para ella, y para mí, para los dos,
hacer frente ahora a una responsabilidad así.
Pero es la última oportunidad que el destino
me envía para que deje de jugar al Peter Pan.
¿No es eso lo que siempre me estabas pidiendo?
Y te juro que será tan hijo mío como tuyo.
A estas alturas de 2009 y con lo poquito que me quejo, muchos sabréis que me muero de ganas de que acabe este año asqueroso. Si tuviera que resumirlo, me sobrarían dos palabras en inglés que, aunque cortitas, rebosan significado: SHIT HAPPENS.
Por eso y por justicia poética, 2010 me tiene que traer alguna alegría. Yo, por si se hace el remolón, tengo claros mis propósitos de Año Nuevo:
- Volcarme en los planes b.
- Tener más intuición y menos diplomacia.
- Beber ginebra de alta gama.
Queridas musas y musos, ¿ha sido vuestro año un pelín mejor? ¿Con qué palabras lo definiríais? Y, ya puestos, quien se lance puede compartir con nosotras sus propósitos para 2010, a ver si le copiamos alguno…
Os deseamos lo mejor para esta Navidad y esto incluye:
- Muchas copas.
- Pocas reuniones familiares.
- Que el ibuprofeno funcione como dios manda.
- Regalos bonitos. Ninguna mierda hortera ni “pongos”.
… y recordad, si algún momento del año merece ser punk, es éste.
En estas fechas de derroche de regalos, siempre hay alguien especial a quien regalarle un buen libro de poesía. Si habéis perdido el tiempo mirando catálogos de electrónica o los especiales de Navidad de los suplementos dominicales, Las Musas os proponemos un libro que no ha salido en esos lugares porque no se vende en El Corte Inglés:
En la web de Editorial Delirio (www.delirio.es) podéis consultar en qué librerías está a la venta este título, así como los otros que componen la colección. Os prometo que son libros editados con mucho gusto y que arropados con un lazo brillante pueden ser el regalo perfecto para alguien singular (no se recomienda para regalos incómodos por compromiso, que para eso siempre estarán los grandes almacenes).
Con permiso del autor, os dejo con uno de sus poemas, uno de los que más nos gustan a Las Musas, sobre todo recitado por el propio Ben Clark.
La hora del paseo
Un hombre que ha salido con su perro,
un hombre que ha salido muy temprano,
que pasa por delante de la mar
sintiéndose distinto a la mañana
anterior, repitiendo sin embargo
cada paso de ayer, como una máquina.
Se ignora si es la bestia quien lo lleva,
o si en cambio conduce el ser humano;
o si se necesitan mutuamente
como se necesitan con urgencia
los amantes los sábados.
Amanece despacio y alguien grita
sin que nadie pregunte ni responda.
Y es que sólo hay un hombre paseando,
no arrastra tras de sí ningún dolor,
no representa nada, no es un símbolo
de ningún tipo, no es una metáfora
de la pena y la angustia de vivir,
hay poemas mejores para aquello.
Aquí sólo hay un hombre que ha sacado
a su perro a la calle unos minutos.
Que pretende volver en cuanto pueda
a la cama a seguir imaginando
que el perro se le muere, que de pronto
se le destina a un sitio donde nadie
entienda una palabra en castellano.
Un sitio sin correas. Eso piensa
el hombre que pasea con su perro,
el hombre que ha salido tan temprano
porque le aterroriza que otros hombres
puedan interrogarle con preguntas
sobre la raza y sobre las costumbres
del animal que tiene amordazado,
mientras sale a la calle con su perro
aburrido del mundo, junto al mar,
y piensa que ha vivido muchos años
y que ha sido feliz muy pocas veces,
y que ha tenido varios perros buenos
pero sólo un amor, y ese fue malo.
Me cansa. Me agota. Me aburre. La supuesta lucha entre catalán y castellano, entre nacionalistas catalanes y nacionalistas españoles, no sólo es soporífera sino que, además, encarna todos los valores que detesto: la estrechez de miras, la radicalidad y, lo peor de todo, el analfabetismo y la estupidez.
Pretenden hacernos creer que ambos están en peligro de extinción por culpa del otro. Un imbécil con programa de radio en un ejercicio de gilipollez supina llama a los catalanes nazis. Días después, el presidente de un club de fútbol afirma que están asesinando a Cataluña. ¿Y me tengo que creer que ambos están enfrentados? Pues no. Por ahí no paso, porque ambos son la misma mierda y, además, se necesitan, se retroalimentan, se buscan en las páginas de los periódicos para tener tema del que hablar, aunque sea aburrido y vacío de contenido. Ambos se nutren de la misma putrefacción.
¿Por qué nadie habla de la suerte que tenemos los que vivimos en territorios bilingües? Soy de familia castellano parlante, y si no hablo mejor en catalán es porque el sistema educativo que me tocó era muy pobre en este sentido (no sé si ha cambiado, me gustaría creer que sí). Siempre saqué nueves en catalán y jamás me hicieron hablar en esa lengua. Incluso se permitía que hiciéramos los exámenes en castellano. ¡Eso sí es denunciable! Me duele no hablar mejor en catalán y por eso me he encargado yo de coger soltura en esa lengua, porque si tengo que esperar a que la educación me la proporcione… En nuestras manos está el hablar el mayor número de lenguas posibles, porque está claro que nacer en una comunidad bilingüe no garantiza que hablemos ambas lenguas. Por todo esto, ¿tenemos que perder el tiempo en broncas de bajo nivel entre fascistas de un lado y del otro? Propongo que, en su lugar, estudiemos ambas lenguas como se merecen y, cómo no, un tercer, un cuarto, un quinto idioma…
En definitiva, aquí no hay debate. Las lenguas están para entenderse y quien quiera ver en ellas munición para arrasar al enemigo, que se lo haga mirar en la consulta de un psiquiatra. Ni españolazos ni catalanorros. Más puntos Iberia es lo que necesita esa gente, más viajar y ver mundo para darse cuenta de lo bonito que es su país de origen, tenga las fronteras donde las tenga, pero también de la cantidad de rincones preciosos que tiene el planeta.
ACLARACIÓN:
· Ningún buitre ha sido maltratado para realizar esta fotografía.
· El cadáver es una simulación compuesta de tofú y zumo de arándanos.
· Todos los buitres retratados quisieron hacer patente su desvinculación de la pseudopolémica lingüística.
Este ha sido un año ¿peculiar? Pero qué sería de nosotros sin los encuentros, los reencuentros, los descubrimientos, las meteduras de pata, las decisiones acertadas, los resbalones y los vuelos sin motor…
Estos son mis tuenti favoritos del año!
Rebecca y Eva, mis amores lesbianos
La carretera
UP
Domingo Astromántico.
Berceo
Sir Henry Longville
Los jueves en Maribel
Pupa
La noche de los picos pardos
Cristina Marí
Las Cíes
Mi relación de amor/odio con el Facebook
El albariño
Clive
Margaret Mead
Un árbol del Passeig de Gràcia
Los Bechtold
El ‘Ayúdameaserzurdo’ de Mr De Lama
Mis sobrinos (Irene, Pablo, Ignacio y David)
Mis hermanos: Isa, Cati y Josetxu
Si me preguntaran hoy cuál es mi ginebra favorita me sentiría tan incómoda cuando, de pequeña, alguien entonaba aquello de “¿A quién quieres más, a papá o a mamá?”. Hasta hace poco le rendía pleitesía al Xoriguer, pero he descubierto dos ginebras que me vuelven loca, loquita, loca. Os cuento las excelencias de cada una de ellas…
Procedente de una destilería inglesa fundada en el siglo XIX, esta ginebra es la mejor que he encontrado para preparar el mítico gintonic de pepino. La particularidad de la Hendrick’s es que, tras ser destilada, se infusiona con Rosa de Bulgaria y pepino, de ahí que case tan bien con este vegetal. Cortad dos rodajitas de cucumber y dejadlas macerar un poco en la ginebra, antes de mezclarla con la tónica. Esta botella que recuerda a las de los antiguos tónicos y crecepelos contiene auténtico oro líquido, creedme.
El sumum del aroma, la ginebra Martin Miller’s se saborea con la boca y la nariz. Tras ser destilada en Inglaterra, la cuna de la ginebra, la Martin Miller’s viaja a Islandia para ser mezclada allí con el agua más pura del mundo, proveniente de los glaciares, y una mezcla mágica de hierbas que convierten su sabor en un espectáculo que se disfruta con los ojos cerrados. Lirio de Florencia, enebro, corteza de canela, raíz de regaliz, coriandro y aciano. No estoy dando la fórmula de un embrujo contra el mal de amores, sino la mezcla con la que se macera este licor. Y se nota, ¡vaya si se nota! Es una ginebra fuerte pero con un aroma delicado.
La historia de su fundador también merece ser mencionada. En la web se define a sí mismo como un “bon viveur and a connoisseur of the finer things in live”. Fotografiado junto a dos perros grandes y pintorescos, el señor Martin Miller lleva una camisa con chorreras y unas Converse. Sólo por eso ya me cae bien, tengo que decirlo. Esta ginebra no tiene tanta historia como la Hendrick’s, ya que se fundó en 1999 cuando Mr Miller y dos amigos decidieron crear la mejor ginebra del mundo. ¿Lo han conseguido? He de reconocer que me enamoró desde el primer sorbo, pero seguiré esforzándome y probando ginebras para no emitir juicios parciales…
Los monstruos cuenta la historia de Max, un niño que se siente desamparado al ver cómo su mundo se desmorona. Su hermana Claire había sido su compañera de juegos hasta ese momento, pero ahora ha crecido y tiene cosas más importantes a las que dedicarse. Además, ya no le defiende ante sus amigos y ni siquiera permite a Max que hable con ellos. Por otro lado, su padre hace tiempo que se fue de casa y su madre se ha centrado tanto en su nuevo novio que Max siente que no queda espacio para él. Por todo esto, una noche decide huir de casa y atravesar el bosque. Allí encuentra un riachuelo en cuya orilla verá una pequeña barca amarrada a una roca. ¿Qué le impide subirse a ella? Nada. Max es un explorador y tras una larguísima travesía llegará a una isla habitada por unos monstruos entrañables, con una personalidad muy diferente a la que supondríamos a unas criaturas de semejantes características y con una “organización social” la mar de curiosa.
Dave Eggers escribió esta novela tomando como base el guión que Spike Jonze y él mismo crearon para la película Where the Wild Things Are, que está basada, a su vez, en la obra homónima de Maurice Sendak, un clásico de la literatura infantil norteamericana. El día 18 de diciembre se estrenará en España esta película, pero antes podemos disfrutar de este delicioso tráiler.
Esta novela es una oda a la imaginación, una diatriba a favor de la fantasía, del poder de la ilusión que se marchita al hacernos mayores. De niños todos creemos en monstruos, gnomos, hadas, duendes… Algunos de ellos nos aterran y nos quitan el sueño, pero la mayoría son compañeros de juegos ideales. Al crecer dejamos de creer en seres sobrenaturales. No dejamos que los fantasmas de nuestra mente nos asusten al apagar la luz. Sin embargo, no ganamos demasiado, porque los monstruos que nos atormentan son mucho más aburridos y crueles. ¿Cuáles son vuestros monstruos adultos? ¿Y los de vuestra infancia?
A Peter le hacia gracia la picardía
de Beatrice. Mientras ponían el puesto
en el Passeig de ses Fonts, siempre cantaba
esa vieja canción de Celentano que su madre
le había enseñado. Era su chantaje íntimo,
su promesa condicionada para el placer nocturno
que le portaba al éxtasis de un berraco adolescente.
Llevaba un mes viviendo con la italiana
amiga de Gustav, cerca de San Antonio,
y su vida había dado un vuelco imprevisible.
No le importaba el estilo del turismo hortera
del pueblo, que antes no podía soportar,
ni el ritmo agotador que la lozana moza
imprimía al día laboral y a la noche erótica.
Su vehemencia, su alegría contagiosa y loca
le habían abducido, saltando por encima
de los treinta años que les separaban.
Apenas veía a Alice, quien al vender el piso
se había ido a vivir, provisionalmente, con una amiga
hasta que pasase el verano. Ya encontraría luego
algún apartamento pequeño para ella sola.
Tenía un sentimiento ambiguo respecto a Peter.
No le creía sincero en esa pasión arrebatada
que sentía por Beatrice desde aquella cena
con Gustav y ella, pero a la vez se veía liberada
algo del peso de su sombra y posibles reproches.
Aquel fue un verano raro. Peter vampirizando
el gozo de vivir de la italiana, su canto del cisne;
y Alice, manteniendo a raya a Gustav, que
insistía en que fuera a vivir a su casa con él.
Lo que acabó de poner la guinda del pastel
del singular y extraño cruce de caminos
fue una llamada de Peter a final de septiembre:
Beatrice estaba embarazada y no sabía qué hacer.
Ella quería abortar, pero él no lo tenía claro.
- Las tapas
- El verano
- Los haikus de Julio
- El agua caliente
- Los sorbos
- El silencio de los estúpidos
- Los cuentos
- Las vacaciones
- Tu pestañeo
- La minifalda
- Los bombones
- Las visitas de Laura
“En cinco años esto desaparece. No habrá ni canciones ni música”. Este es el titular del artículo que El País publicó ayer sobre la protesta de los integrantes de la industria musical contra las descargas ilegales (para acceder al texto completo, haz click aquí). ¿De verdad se creen semejante patraña? Si nosotros somos sangrientos piratas degüella cantantes, ellos son más fantasmas que Casper.
La música no está en crisis: lo que se tambalea es el modelo de negocio que ha funcionado hasta el momento. La red rebosa música por todos los lados y nunca antes la música llegó a tantas personas con semejante facilidad. Los amantes de la música, los musiqueros de toda la vida, tenemos a un click de distancia un montón de páginas de streaming, además del consabido iTunes en el que por primera vez en la vida puedes comprarte una sola canción del disco que te interesa.
Todos llevamos el iPod colgado de las orejas (¡hasta mi madre!), escuchamos Spotify mientras trabajamos o vemos vídeos de Youtube al llegar a casa. ¿En serio querían hacernos creer que la música está en crisis? Es más, la democratización que supone este cambio de modelo impulsa la aparición de nuevos grupos que no necesitan del apoyo marketiniano de las grandes discográficas para llegar al éxito. Se acabó lo de grabar una maqueta en una cinta mientras tocas en el garaje de un colega y mandarla a tutiplén a todas las grandes empresas para no recibir respuesta: cuelgas la maqueta en según qué lugares y será el público el que decida directamente y sin intermediarios si has de triunfar o no.
Es maravilloso el renacimiento que está viviendo la música y la accesibilidad que ha adoptado. Y que los músicos se dejen de inventar consignas para meternos miedo a los melómanos, que no se les da nada bien. “Músicos o pescadores, todos somos trabajadores”. ¿Acaso se han visto obligados a mudarse a Somalia para componer? Que se dejen de versos fáciles y opten por bajar el precio de los discos, así como volver a actuar en directo, que es la prueba de fuego de todo buen músico.
¡¡¡Y QUE SIGA LA MÚSICA!!!
Where am I?
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