Ayer por la tarde me lo pasé de miedo con Hayao Miyazaki y su Castillo ambulante. Una imaginación deslumbrante, unos dibujos preciosistas y un puntazo Candy-Candy; tres ingredientes para una obra maestra de la animación. Me enganchó con El viaje de Chihiro y ahora me tengo que poner con Ponyo en el acantilado… y la Princesa Mononoke y… cuántas cosas que ver, que leer y que hacer y qué cortos son los días.
Se acercan las Navidades y con ellas el engorde anual al que nos somete la familia y alrededores. Pero no sólo eso, sino que también se aproxima el habitual agobio de tener que comprar regalos a tutiplén, no todos con la misma ilusión pero sí con la misma parte añadida de marrón del “¿Qué le compro?”. Si entre vuesta lista de calcetines que esperan ser alimentados con algo original se encuentra algún lletraferit o algún amante de la literatura, os recomiendo The Literary Gift Company (http://www.theliterarygiftcompany.com), una web inglesa especializada en regalos para lectores y escritores.
En ella podéis encontrar desde pulseras compuestas por libros prohibidos…
… hasta pósters que reproducen cubiertas clásicas como esta de Aldous Huxley.
Pero, sin duda, mi objeto preferido es esta lámpara que espero que caiga pronto en mis garras.
Peter: No he olvidado pasar por Harrods para
comprarte tu té favorito. La tradición
es la tradición. Entonces, lo tenemos claro,
la mejor solución sería vender el piso
y alquilar cada uno un pequeño apartamento.
No acabo de encontrarme a gusto en Londres
y quiero probar cómo me sienta Ibiza en soledad.
Alice: Nada que objetar, si lo tienes decidido.
No sé si lo aguantarás; tengo dudas razonables
sobre tu capacidad de independencia, pero
la única forma de saberlo es probando.
Aunque tenemos que respetar algunas reglas
de comportamiento: un régimen de visitas
que no sea en nuestras casas; sinceridad mutua
en los sentimientos; y no contar con el otro
en cómo buscarse la vida. Además, si quieres,
nos damos un plazo y hacemos balance luego.
Peter: De acuerdo, sí; acepto el trato, parece
una solución civilizada. En cuanto a los celos,
no temas, creo que ya los voy encajando mejor.
He pensado mucho sobre el tema y me veo capaz
de superar mi egoísmo infantil, como dices tú.
¿Sabes, Alice? No es resignación, pero intuyo
que una buena amistad también es amor;
y más libre, pues no está sujeto al chantaje
de la dependencia, tan humillante al fin.
Alice: Uhmm, me dejas perpleja, querido.
Estoy encantada con tu propósito de enmienda.
Y yo que temía una escena de marido cornudo…
No sabes la alegría que me das; pero condicionada.
La dejo en suspenso de momento; sólo el tiempo
te dará o quitará la razón, cuando los hechos
confirmen tus sensatas e imprevistas palabras.
Por ejemplo, ¿serías capaz de ir a cenar mañana
conmigo, Gustav y una amiga suya italiana?
Cuando era niña, unos chavales del barrio apedrearon a un gatito sarnoso que se escondía entre unas tablas. Desde entonces cualquier imagen de maltrato animal, ya sea real o ficticia, me provoca una repulsión casi alérgica. Pero supongo que aquel episodio también está en la raíz de mi obsesión por los gatos que, sin ser patológica, es bastante fuerte. No sería la primera vez que, paseando, Sir Henry se ve obligado a tirarme del brazo como si fuera una niña terca y malcriada para impedir que me lance sobre un gato tuerto con toda la pinta de arrastrar una tonelada de pulgas y alguna que otra enfermedad altamente contagiosa. Como los perros de ‘UP’, que ponen todos los sentidos en alerta cuando detectan una ardilla, yo debo llevar de serie un sónar de gatos. Los oigo y los veo en la distancia y corro hacia ellos. Si no se escabullen, que es lo que sucede la mayor parte de las veces, me acerco y pondero si el gato en cuestión es bueno o malo. Y si es bueno… el animalito se verá obligado a pasar por una somanta de caricias, apretones y rasca-rasca tras las orejas. Si tiene suerte y acabo de pasar por el súper se quedará con el pavo o las salchichas. Y si es malo no pasa nada porque en casa, disfrutando de sus siestas de doce horas ininterrumpidas, me espera, o eso quiero creer, mi Pupa –también conocida como pupichiña, pupita, reina, cari y cuchi– a la que despierto con mis achuchones. Pero lo que más me gusta de ella son esas tardes silenciosas que compartimos, durmiendo las dos, o leyendo yo y durmiendo ella, o limpiando yo y durmiendo ella o fregando los platos yo y, en fin, durmiendo ella. Podría escribir mil páginas con sus detalles y boberías… sobre sus ojazos verdes, sobre cómo se lanza a los pies descalzos para jugar… Son mi debilidad. En realidad, las musas somos muy gatunas, eh Lula? Miau.
Este es el cartel del documental Erwin Bechtold, retrato de un artista, la primera hogaza que sale del horno de la productora Factoría Difácil.
Sir Henry Longville firma la pieza, en la que también ha puesto su granito (o dos) de arena la musa galaica más alta del mundo y nuestro inseparable Jul·lius.
Es un trabajo casi artesanal, hecho con pocos medios, pero estamos orgullosos del resultado. En Eivissa se estrenará el día 8 de enero en el Club Diario de Ibiza. Bechtold inaugurará el mismo día una exposición en ese espacio.
Muchas gracias a todos los que nos han alentado, apoyado, aconsejado y animado durante estos dos años.
Tengo una conexion que da pena y un teclado sin tildes, asi que el post no dara para mucho. De todos modos, queria compartir con vosotros algunas curiosidades que he constatando en Frankfurt:
- En el Canal Internacional de TVE solo ponen Cuentame. Es un bucle franquista insoportable.
- Sigo sin entender ni papa de aleman, asi que le doy gracias a quien sea por dotarme de mi acertado sentido de la orientacion. Si tengo que pedir indicaciones algun dia eso significara que la he jodido bien jodida…
- Lo que mola de las salchichas alemanas no es el relleno sino el pvc con el que las recubren. Crujiente y delicioso.
- Con este frio que hace no me extranya que sean tan trabajadores: como te quedes quieta se te congelan los mocos.
Durante la semana que viene nuestro abandono del blog será todavía más evidente. La musa más alta del mundo y yo misma, la musa mulata, estaremos de viaje.
¿Esperaréis a que regresemos o nos seréis infieles? Venga, si nos ponéis un poco los cuernos tampoco nos enfadaremos. A nuestra vuelta prometemos seguir compartiendo con vosotros cosas interesantes, tonterías, recomendaciones, collejas y, cómo no, mensajes en clave.
Aún aguantó Peter un largo mes más
antes de tomar la decisión de volver.
Un mes que se le fue sin darse cuenta
dándole vueltas en la cabeza a un nudo
atravesado en la garganta. La mato, vuelvo
y la mato; de mí no se ríe ni Alice ni nadie.
Se decía entre pinta y pinta, perdido y loco
de unos celos que le irritaban por absurdos.
Absurdos y desfasados, como con sorna le decía
su hermano George cuando regresaba a casa
dando bandazos y tropezando con los muebles.
Señor, señor; lo que hay que ver a estas alturas
de los años. Sigues reaccionando en amores
como lo hacías de adolescente. Lo mismo.
La de disgustos y rabietas que habré tenido
que aguantarte. Me rejuveneces, querido.
Desde luego, a ratos él también se sentía ridículo
por tomarse tan a pecho la traición de Alice,
como llamaba al caso en las horas nocturnas,
cuando escupía su rabia en las notas temblonas
que escribía en su cuaderno negro de apuntes.
No puede ser, Peter, un poco de dignidad;
rumiaba entonces para sus adentros.
Lo mejor es volver, sí, pero con la cabeza fría.
Vender el piso, hablar, repartirnos las cosas
y cada uno que siga como pueda su camino.
Decidido, pues, se dijo una mañana mirándose
al espejo. Ahora mismo voy a comprar el billete.
¿La llamo entonces o mejor le doy la sorpresa?
Prefirió lo primero; habrá menos riesgo (sonreía,
más calmado) de cometer un crimen pasional.
Pero la llamaría un día antes, y le pediría
que no viniera al aeropuerto. Se encontrarían
en el terreno neutral de la cafetería Montesol.
El mundo editorial está dividido con la llegada de las nuevas tecnologías al terreno del libro. La gran mayoría de profesionales del sector auguran un apocalipsis en el que los libros se desangrarán en ríos de tinta. Esto dará lugar a una distopía en la que el libro de papel será una especie extinguida de la que sólo se conservarán cinco ejemplares en todo el mundo, custodiados por una cúpula de cristal rodeada de sensores del movimiento en la cámara acorazada de algún museo arqueológico. Por supuesto, estoy exagerando, y lo mismo hacen los que consideran la llegada del libro electrónico como el inicio de la muerte del papel.
Sin embargo, a mí me tiene fascinada esa nueva perspectiva escrita en tinta electrónica, en la que podremos disfrutar de decenas de libros en cualquier lugar sin necesidad de dislocarnos hombros ni de acarrear pesadas maletas. Y esto es sólo una cuestión de comodidad. Pensemos en las inmensas oportunidades que nos ofrecen los lectores electrónicos. Algunos autores ya las están aprovechando, como podéis leer en El Mundo y The New York Times. Uno de los primeros que han aprovechado las ventajas de esta tecnología es Anthony E. Zuiker, el creador de series de televisión tan conocidas como C.S.I.. Zuiker ha creado una “diginovela” junto a otro escritor llamado Duane Swierczynski, cuyo texto está salpicado de lo que denominan “digipuentes”, pequeños clips que alimentan la trama. No es necesario verlos en el mismo momento en que lees la novela, es decir, no hay que dejar el libro a un lado para entrar en youtube y ver el vídeo, puedes continuar leyendo sin interrupciones. No obstante, os aseguro que si tienes un ordenador cerca se te van los ojos, ya que son episodios cortísimos y muy intensos, situados en puntas de tensión del argumento.
Os paso el tráiler de de la “diginovela” para que opinéis vosotros mismos:
Y esto es sólo un ejemplo de lo que se puede hacer con un thriller. Imaginemos que las novelas puedan tener banda sonora, por ejemplo, o que podamos saltar a un mapa (ficticio o real) en el que se encuentre situada la acción. ¿Recordáis aquellas novelitas juveniles que se llamaban algo así como Descubre tu propia aventura? ¡A mí me encantaban! Y creo que con los libros electrónicos podremos llevar ese concepto muchísimo más lejos.
Where am I?
You are currently viewing the archives for October, 2009 at LasMusas.