Si de pequeñito te entretenías comiéndote las ceras Dacs en las horas de dibujo, si no aprovechaste bien las clases de plástica porque habitualmente te encontrabas bajo los psicotrópicos efectos del pegamento Imedio esnifado o si siempre que intentabas darle vida a un pinta y colorea se te rompían incesablemente las puntas de los lápices, eres de los míos: artísticamente lerdo.
Pero si ni por esas quieres renunciar a tener en tu haber una obra de arte, Artelista.com te lo pone fácil. Un artista peruano llamado Daniel Jacoby nos invita a todos los ajenos a su profesión a poner nuestro granito de arena en una obra en la que participarán 10.800 espontáneos. Cada uno aportará su píxel de color en este experimento on line que lleva por título The Impersonal Artwork.
Soy una auténtica profesional del arte del buen dormir y hago gala de ello siempre que se me ofrece ocasión. Aeropuertos, autobuses, salas de espera… Sé dormirme en remojo, a palo seco, arropada por la sombra y desarmada por el sol. He llegado a tener dulces sueños a bordo de un ascensor, y soy capaz de hacer tres siestas al día y después dormir a pierna suelta.
Pero esta noche algo ha fallado en el hemisferio de mi cerebro encargado de la modorra. A las cuatro de la mañana ese algo me ha tirado de los párpados y con los ojos abiertos de par en par el insomio me ha martirizado hasta que no he tenido más remedio que disfrazarme de persona para ir a trabajar.
He pasado de la angustia a la tristeza, de la añoranza al hambre de violencia (he entendido mejor El club de la lucha), de la desesperación a la desidia, y de la cama al sofá ya en un último vaivén, físico en esta ocasión, en busca de la calma. ¿Cómo se lo monta la gente que vive sus noches en vela? Los admiro, porque yo hoy aguantaré porque no tengo más remedio, pero otra noche así y no respondo sobre el control de mis instintos más oscuros: disfrutaré soltándole las amarras a mi lado siniestro.
Demostremos a la retaguardia de puretas que se empeñan en defender instituciones polvorientas, oscuras y obsoletas que en este mundo se puede hacer broma de todo y de todos, independientemente del número de tus apellidos o del grado de hemofilia que te corra por las venas.
Porque si al sector apolillado de la sociedad le pareció obscena la portada de El Jueves de la semana pasada, a mí me parecen ya no obscenas sino grotescas y escabrosas las declaraciones de un supuesto cura con superpoderes llamado Rouco Varela, y no por eso le envío a la guardia armada a que lo secuestren (total, para lo que vale…).
Así que hoy tenemos que ir todos a comprar El Jueves, la revista que sale los miércoles, para reírnos en su cara de las medidas fascistas que tomaron la semana pasada. Espero ir muy desencaminada, pero miedo me dio Felipe el día que dijo que él pretendía llevar a cabo una monarquía útil. Mira, chato, ya que te tenemos que aguantar, al menos ten la dignidad de ser tan inútil como tus predecesores. Escucha, mira… y calla.
Desorientados pero divertidos por el caos. En tres cuartas partes de la ciudad de Barcelona no funcionan los semáforos, ni los ordenadores, ni las neveras, ni los teléfonos fijos… No tenemos electricidad y, en consecuencia, tampoco podemos trabajar. Así que nuestros jefes nos han mandado a casa, como cuando en el instituto había falsa amenaza de bomba y nos apelotonábamos en las escaleras entre risas para pirarnos cuanto antes al bar.
La gente ha ocupado la calle, para comentar el apagón y para refrescarse con el vientecillo enmaraña-flequillos que sopla hoy en la ciudad. “Se va la luz y no somos nadie”, repetían unos y otros con la sonrisilla dibujada. Y es que no todos los lunes te cae una fiesta mientras el sol luce goloso. Bienvenidas sean las tinieblas.
Es el mejor corredor de F1 en activo, de eso no tenía ninguna duda. Pero su imagen sosa y su voz átona me decepcionaban en cada una de sus intervenciones. Un tipo que aguanta el ídem rodando a casi 300 km/h y todavía guarda un poco de cordura para planear la estrategia contra sus competidores ha de ser, a la fuerza, alguien apasionado, con un chorrito de gasolina en las venas que le provoque una combustión espontánea cada vez que algún compañero de asfalto le enseña el morro. Y siempre me decepcionaba ver a un Alonso heróico con el casco puesto y pusilánime cuando se calzaba la gorra.
Pero ayer mi decepción se convirtió en éxtasis televisivo. No sólo disfruté como una niña viendo la accidentada carrera de Nürburgring, que el clima y la suerte la convirtieron en un tiovivo que dinamitaba en cada vuelta las quinielas para el podio. Además, cuando la lluvia arreció a seis vueltas del banderazo final el pulso se me aceleró a la misma velocidad que el McLaren de Alonso, que hasta el momento se había conformado con un espléndido segundo puesto pero que decidió enseñarle las garras a Massa y a su Ferrari, un súper-pepinazo que corre que se las pela pero que sobre mojado pierde facultades. Alonso sacó pecho y le adelantó como un señor, y justo cuando ambos pilotos nos habían ofrecido un espectáculo del de clavar las uñas en el sillón, Massa echa al traste todo el trabajo que le había supuesto la carrera tirándosele encima a Alonso como un vulgar dominguero en un atasco. Feo, Felipe, y más feo todavía siendo uno de los grandes.
Pero Fernando esta vez no se calló y le cantó las cuarenta al brasileño nada más bajarse del coche. Massa le llamó gilipollas por comportarse así, pero el auténtico cafre fue él al arriesgarse a dejar fuera al primer y segundo corredor del GP de Alemania por una rabieta al ver que perdía el liderazgo. Y Alonso demostró que su corazón también se le revoluciona en según qué circunstancias y con media sonrisa en los labios le respondió chulería y desparpajo… ¡como un campeón!
Si ayer no pudisteis ver la carrera, os recomiendo que veáis al menos el adelantamiento de Alonso a Massa. Un gustazo…
Las muchachas ibicencas, distantes y curiosas, paseaban cogidas de la cintura entre el bullicio del paseo Marítimo, sus ojos oscuros asomados a la extraña vida que el verano volcaba sobre su isla; no llevaban las faldas y pañuelos de sus abuelas, sentadas a la puerta de sus casas en sillitas de cocina, quitando el hilo a las judías verdes de la cena; ni tampoco se recogían el cabello en sus largas y espesas trenzas. Pero los rasgos de sus rostros y la música de sus voces eran los mismos. Cuando se cruzaban con los jóvenes rubios y de ojos claros reían entre ellas, turbadas, confundidas por la excitación y el pudor, y los pies se les alborotaban cuando al paseo llegaban en oleadas las canciones de los discos de Sa Cala, pero permanecían refugiadas en su lengua, su isla, mientras alrededor de ellas se oían todos los idiomas del viejo continente.
Extraído de Los europeos, de Rafael Azcona (Tusquets, Barcelona, 2006).
Una novela escrita en los años 60 que retrata una Ibiza babilónica, vista a través los ojos de un españolito peninsular que vivirá en la isla un verano cosmopolita y sorprendente. Para los sufridos jóvenes del franquismo, Ibiza suponía un ángulo muerto que escapaba de la ubicua pestilencia del régimen; esta isla era una trinchera para los que buscaban darles guerra a sus sentidos, rodeados de hombres y mujeres que querían disfrutar de los placeres de la vida antes de que les venciera el cansancio de la edad, o que querían regir sus vidas según principios no escritos hasta el momento.
Y para los ibicencos ésta es una lectura graciosa, ingenua y muy elocuente de qué percepción se tenía de Ibiza hace medio siglo, cuando ya ganábamos dos cuerpos en modernidad al resto de España.
Un grupo de fans del mago miope ha creado varias portadas que puedes descargarte en esta web, con las que cubrir los libros de Harry Potter y evitar tener que dar explicaciones por estar leyendo un libro juvenil. Aquí tenéis un ejemplo:
La noticia ha aparecido en Digg, y de esto deducimos que en Estados Unidos también existe la costumbre de forrar los libros, quizá no tanto por conservarlos mejor (argumento que esgrimen los forradores compulsivos) sino por ocultar qué están leyendo. Papel de diario, de revista, de regalo… Todo sirve para vestir al sufrido libro de bolsillo que te acompaña en el autobús. Aún más, el otro día vi a una señora con un ejemplar camuflado bajo un folleto de las ofertas del supermercado… ¡Eso es tener conciencia de reciclaje!
Hoy va y se nos hunde un barco. Pero, ¿qué pasa? De avisos falsos de bomba a barcos hundidos pasando por tomas de posesión que acaban a las mil, escuchas telefónicas, alcaldes que declaran como imputados en casos urbanísticos, hijas de caciques imputadas… Pero ¿acaso no vivo en una isla mediterránea llena de algarrobos bajo los que dormir una siesta? Uf.
Ibiza es como un surtido Cuétara: tenemos un poquito de todo pero sin hartarnos de nada (o de casi nada). Desde concursantes de reality shows hasta rehenes de secuestros aéreos, desde cineastas a diseñadores de ropa, pasando por bailarines, actores… ¿Quién da más?
Y ahora del dictamen de un juez depende que tengamos también a nuestra Paris Hilton particular. Repasemos qué tienen en común:
- Son hijas de hoteleros.
- Son militantes del lado pijo de la vida.
- Se les desconoce oficio, pero no beneficio.
- Ambas finalmente comparecerán ante un juez por haber sido niñas malas: una por no hacer caso a su papá (ya lo hizo y cumplió condena por ello) y la otra por escucharle demasiado.
Cómo no, nuestra Paris eivissenca también tiene rasgos de originalidad que la diferencian de la Paris americana, como que PH es rubia y SM es morena, PH está buena y SM es morena… En fin, que aunque les una su gusto por lucir prendas lenceras en actos que quizá requerirían de mayor elegancia, también debemos reclamar la singularidad de nuestra heredera hotelera, que en Ibiza a todo le ponemos nuestro toque especial.
Las Musas desearían proponer a los coleguitas de Stella (los distinguirán porque llevan polos multicolores con jinetes bordados a la altura del pezón -ellos- e insulsos y trasnochados collares de perlas -ellas-) que continuaran con su campaña de apoyo público al mini-yo de Matutes: rescatad aquellas chapas que regalasteis en campaña electoral y, como novedad textil, lanzad una línea de camisetas con el lema Free Stella en brillantes letras multicolores. Ah, y Stella debería corresponder a sus fans con su propia línea de ropa, que se distinguría por eslóganes como Recalificable… Mola!!! o Mi papá tiene una isla… Es guay!!!.
La imagen de la isla que se tenía en la Edad Media ha sido certeramente definida por alguien como el universo cerrado del exotismo onírico de Occidente, pues la tradición erudita tendía a situar en una isla todos los mirabilia. Las islas fantásticas se encontraban preferentemente en las regiones más extremas del océano, ya a Occidente, relacionadas con los misterios del Más Allá, ya a Oriente, donde eran paraísos en abundancia. Desde la Antigüedad, la serie de islas imaginarias de la mitología occidental es larga. Además de encarnar el mito paradisíaco, debemos considerar también el hecho de que la isla constituye un buen motivo desde el punto de vista narrativo, pues permite desplegar una continua varietas; por eso tantos relatos de viajes consisten en un periplo por islas, y la Navigatio sancti Brendani no es sino el ejemplo más evidente. En otros casos, la isla permite importantes pausas en narraciones heroicas, como la de Calipso de la Odisea, la de Alcina del Orlando furioso y la de las mujeres de Lemnos en Las Argonáuticas.
Extraído de Geografía y viajes imaginarios, de Francesca Pellegrino (Electa, Barcelona, 2007).
Así de tímida e ilusionada reaccionaba la morsa Natasja el día que su cuidador le regaló una rica tarta de sardinitas para celebrar el Día Mundial de los Animales. Deberíamos aprender de ellos, a disfrutar de las pequeñas cosas y a no meter los bigotes en pescados ajenos.
Puede que haya una bomba en la terminal, puede que explote, puede incluso que no lo cuente. Pero mantengo la calma como si aquello fuese un simulacro.
El comportamiento sorprendentemente tranquilo de los aproximadamente 3.000 turistas que anteayer fueron evacuados del aeropuerto de Eivissa por una falsa alarma de bomba demuestra que, por costumbre, nos estamos habituando a estar en una especie de diana universal.
Los turistas desalojados del aeropuerto no estaban preocupados por sus vidas sino por los retrasos en sus vuelos, la necesidad de encontrar una sombra y beber un poco de agua. Poco después de las 13 horas Franciska Klewer, trabajadora de Alltours, trataba de informar a un grupo de turistas alemanes, bajo su responsabilidad en ese momento, de lo que estaba pasando pero todo era muy confuso. «No sabemos qué está pasando». Una frase que se repetía pocos metros más lejos, en el Bar Restaurante Tío Pepe. El local, acostumbrado a sus clientes de toda la vida, camioneros y personal administrativo de las oficinas de las empresas de la zona, se veía desbordado por una avalancha de personas demandando agua, bocadillos, coca-colas… En el interior se respiraba un ambiente húmedo y caliente provocado por el apelotonamiento de decenas de personas que, por cierto, parecían mucho más preocupadas por la espectacular carrera de Valentino Rossi que por el destino de sus vacaciones.
Otra vez fuera, los conductores de IbizaTours-Islandbus, sin perder la sonrisa ni la amabilidad en ningún momento te hablaban de los sucesos como quien se queja de la cola en la caja del supermercado: «Vaya, que no se puede pasar, que han entrado los Tedax y aquí estamos esperando a ver qué nos dicen». Los únicos nerviosos eran, por este orden, los guardia civiles, que trataban de evitar que la gente se saltase los precintos de seguridad mientras intentaban que los turistas anduviesen por las aceras y no en medio de la carretera; los responsables de Protección Civil, que estuvieron a punto de perder una falange mientras repartían botellines de agua (todo se calmó cuando empezaron a llegar más botellines que personas), el 061, la Cruz Roja y todos los que contribuyeron a que reinara la calma y no pasase nada.
Laura, Andrea, Aurora y Xavi, cuatro periodistas que se iban a Barcelona, se comían un bocata en el suelo bajo la sombra que les ofrecía el edifico de un concesionario. Como ellos, otros jóvenes seguían el ejemplo acortando la espera con un tentempié y conversación. Los que peor lo llevaban eran, sin duda, los niños. Los padres imploraban por un poco de agua, convirtiendo la carretera en una suerte de campamento de refugiados. Cuando llegaron las garrafas en cierta cantidad, la gente se tranquilizó. Si para un niño una espera ya es una pequeña tortura, imagínense a pleno sol con un asfalto ardiente y sin mucho qué hacer. Los aprietos ponen el ingenio humano a prueba y los aguerridos padres construyeron pequeñas tiendas de campaña con pareos, sombrillas, paraguas (esos pequeños que siempre se llevan en la maleta por si cae un chaparrón veraniego), toallas de playa, kilos de crema protectora y pañuelos mojados en la cabeza. Los ancianos tampoco lo llevaban bien pero sí con una cierta estoicidad. Larry, de Southampton, a sus 74 años, arrastraba las maletas y sólo pedía un poco de información para transmitírsela a su hijo con el que hablaba por el móvil, mientras él desde Inglaterra le contaba, a su vez, que un coche en llamas acaba de impactar contra el aeropuerto de Glasgow. «What a terrify world we have, don’t you think?»preguntaba a la periodista sin esperar respuesta, por obvia, se entiende.
Where am I?
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