Esta es una imagen extraída de un número de la revista Eleganza, editada en los años 70. Solapas kilométricas, pantalones más que ajustados, estampados cantosos que te hacen bizquear, zapatos de tacón para hombre… Si queréis ver más muestras de la black-disco-fashion, porque sois black, disco o fashion, o porque buscáis ideas para los próximos carnavales, este blog ha hecho una selección estupenda.
Cuando nos creíamos la vanguardia de Occidente, cuando en Europa nos vanagloriábamos de ser más progres que en la capital del Imperio (léase USA), van los polacos y nos desmontan el cuento.
Si van ustedes a Polonia de vacaciones playeras y tienen tetas, ojo con enseñárselas al público asistente, porque puede llegar un poli y multarle con 25 € del ala. Resulta que, como puede leerse en La Vanguardia, esas paparruchas denominadas “las buenas costumbres” prohíben que una mujer pueda tomar el sol en top less, ya que su desnudo (¿desnudo?) puede causar gran indignación entre la mayoría de la población.
Señoras, señores y demás seres con ojos, quien vea en el pecho de una mujer, en el culo de un hombre o en cualquier curva del desnudo de una persona algo sucio, ofensivo o de mal gusto, necesita terapia con urgencia mañanera. Desde Las Musas apoyamos la iniciativa “Solete al culete” y os animamos a tomar el sol con la mínima ropa posible. Y os contamos un secreto: bañarse en el mar en bolas es uno de los placeres más sublimes y baratos que hay en este planeta.
Si pensaban vender su sangre para comprarse un dúplex, olvídenlo. Les saldrá mucho más rentable traficar con la tinta de su impresora HP que comprarse una parejita de simpáticas sanguijuelas para pasar la tarde con ellas.
La página web Gizmodo ha realizado un ranking de los líquidos más caros del mundo y, contra todo pronóstico, el petróleo ha quedado a la altura del betún. Pero no desviemos la atención de lo realmente importante, que es el altísimo precio de la tinta de impresora. ¿Qué tendrán que hacer los escritores, que rara vez cuentan con unos ahorros de cuatro cifras? ¿Escribir los manuscritos con su propia sangre? Otra opción es mojar la pluma en Red Bull, pero no me negarán ustedes que se pierde mucho del romanticismo de la escritura.
Buscando temas para esos relatos que nunca termino de escribir me he metido en una página de nombres de fobias. Realmente alucinante… el listado es infinito. Pero leyéndolas me he dado cuenta de que me puedo apuntar a unas cuantas:
Acarofobia – Miedo a las picaduras o a los insectos que pican (es que soy alérgica)
Acustifobia – Miedo al ruido (no sabéis lo que es intentar dormir un barrio turístico en Ibiza)
Acrofobia – Miedo a las alturas (me da vértigo hasta la barra fija)
Agliofobia – Miedo al dolor (eh, a esto todos, ¿no?)
Agrafobia – Miedo a las agresiones sexuales (vaya, no te digo)
Agrizoofobia – Miedo a los animales salvajes (no pondría un tigre en el salón)
Anginofobia – Miedo a contraer anginas (me tapo con un pañuelito en la redacción. Este aire acondicionado me va a matar),
Apeirofobia – Miedo al infinito (ay, es que es muy grande)
Araquibutirofobia – Miedo a que se incrusten las cáscaras de los cacahuetes en el paladar (esto no, pero es que me ha parecido muy graciosa)
Autodisomofobia – Miedo a alguien que huele mal (miedo, miedo, no, pero vamos, que tampoco es agradable).
Bromidrosifobia o Bromidrofobia – Miedo a oler mal (si me huele el sobaquillo me pongo nerviosa, lo confieso)
Caliguinefobia – Miedo a las mujeres guapas (miedo, miedo, tampoco, pero jode si se te ponen demasiado cerca, ja, ja)
Cremnofobia – Miedo a los precipicios (que tengo mucho vértigo, oigan)
Catagelofobia – Miedo al ridículo (un poco sí, salvo con dos cubatazos encima)
Deipnofobia – Miedo a las cenas y a las conversaciones en las cenas (esta por curiosa, aunque no la padezco, más bien soy prodeipnos)
Ereutrofobia – Miedo a ruborizarse (esto sí, que me pongo como Heidi a la primera de cambio, jolines)
Escopofobia o Escoptofobia – Miedo a ser visto o a ser el centro de atención (véase Catagelofobia).
Metifobia – Miedo al alcohol (jamás )
Ostraconofobia – Miedo al marisco (miedo no, alergia sí)
Papafobia – Miedo al Papa (un poco de miedo sí que da el Bene)
Politicofobia – Miedo a los políticos (uf, a algunos es pavor)
Ritifobia – Miedo a que aparezcan arrugas (eso, todas)
Tocofobia – Miedo a quedar preñada (pues ahora, como que sí)
Zemifobia – Miedo a los topos (¿cómo se puede tener miedo a un topo? Si son adorables).
En plena madrugada, entre copas propias y prestadas, me vi de repente en una conversación de lo más interesante: ¿Zombies o vampiros? Ventajas e inconvenientes de los clásicos del cine de terror.
Las conclusiones del necrófilo debate se podrían resumir en las siguientes máximas:
- El zombie, de natural, es bonachón. Él sólo quiere tu cerebro.
- Los vampiros son unos lloricas. Son guapos, inmortales, duermen todo el día… ¡Coño, disfrútalo!
Aunque los señores de Sony protestarían por este título, pues la principal valía de su nuevo libro electrónico es que prescinde de la tecnología que hasta el momento han tenido las pantallas de estos aparatitos. El Sony Portable Reader tiene una pantalla amplia y cómoda gracias a la tecnología E Inc, que no utiliza la iluminación que han tenido desde siempre estos artilugios sino que puede leerse de una forma confortable, a plena luz del día y sin necesidad de freírte las pestañas en el intento. Y lo digo porque lo he visto, porque he leído en él y me ha alucinado lo cómodo y práctico que me resultó.
Aunque muchos agoreros anuncien la inminente muerte del libro de papel, me apuesto dos cañas a que no asistiremos a su entierro con tanta celeridad. Está claro que el libro está evolucionando al mismo ritmo que lo hizo en la época de Gutemberg, y que cuando Apple saque a la venta la iPod para libros, con su diseño molón y su simplicidad de uso, las editoriales tendremos que ponernos las pilas para reinventarnos el negocio (sí, somos tan mantas que todavía no nos las hemos puesto). Si tuviera que hacer mi apuesta diría que los libros técnicos, de autoayuda y muchas obras de divulgación serán los primeros en sufrir la metamorfosis tecnológica, pero el libro en papel subsistirá para las obras más literarias. Porque los lectores somos gente rara y en pleno siglo XXI nos empeñaremos mantener nuestras excentricidades, que incluyen vicios como olisquear un libro recién comprado o quitarle las guardas para acariciar el forro de la tapa.
Eso sí, para los que nos dedicamos a publicar libros, este tipo de aparatos puede salvarnos de más de un dolor de espalda de tanto acarrear pesados manuscritos. Desde aquí hago un llamamiento a mis jefes: si me lo queréis comprar, yo me dejo.
Ha regresado a la Diagonal con su cartel que reza:
Necesito dinero para comprarme un Ferrari y un chalet.
Dependiendo de los días, luce carteles con diferentes mensajes publicitarios. El más recurrentes es un cartoncito en el que se lee Patrocinado por Coca-cola. Y es que este hombre me cae bien, porque para pedir 1 euro para una lata de sardinas estamos siempre a tiempo, y hay que apuntar alto en esta vida.
Acabo de regresar del lugar más bello del mundo: Formentera. Ella cambia poco a poco, como las amistades sinceras, pero a mí siempre me produce el mismo efecto al llegar a ella, esta vez como los buenos amantes: me hace sentir como en casa y siempre me sorprende lo bella que es.
Cinco días de desayunos con periódicos, de playa con libros y coca-cola, de shandys-sur-mer, de arrocitos con vistas a ese azul eléctrico y descarado que sólo se atreve en Formentera a asomarse hasta la orilla, de hierbas con hielo a pachas con las sargantanas…
Y regreso morena, tranquila y tristona, por no poder montar allí el cuartel general de mi vida.