Del grupo auspiciado por el megalómano Andy Warhol me gusta sobre todo el famoso disco del plátano en la portada; y en él esta canción, aparte de Sunday morning y I’ll be your mirror, por la dulzura irresistible de la voz de Nico. Pero durante mucho tiempo interpreté mal de qué iba la copla, pues, ingenuo de mí, creía que era una historia gay y que el tipo al que esperaba con tantas ganas Lou Reed era su amante. Era lo que pasaba cuando el elepé no traía las letras y confundía uno el cielo con la tierra. Porque de amante, nada de nada; lo que esperaba el mozo era el camello que le pasaba la heroína. Nada menos. Lo deduje cuando un día me fijé que hablaba de los 26 dólares que llevaba en la mano y del hombre all dressed in black. Vaya plancha. Y uno que pensaba que el ritmo nervioso del tema, con esa guitarra obsesiva y monótona, era un trasunto simbólico de la angustia de la espera amorosa. Pero me dio igual averiguarlo, mi versión era más estimulante y no me importaba el original; algo que también me sucede a menudo cuando intento recordar un poema que conozco de memoria: que alguna neurona caprichosa lo ‘arregla’ a su manera.
Teselas para un retrato (sound-track) de Julio Herranz.








