Milo J. Krmpotic’ ha vuelto a escribir una novela que entraría en la categoría descrita por la frase canónica de la infidelidad: “Cariño, esto no es lo que parece”. Las tres balas de Boris Bardin tiene delincuentes, crímenes y policías, pero no es una novela negra. También tiene suspense pero está muy lejos del thriller. Explicar las novelas de Milo J. Krmpotic’ recurriendo al argumento sería equiparable a comerse un tiramisú y destacar que la cucharilla estaba limpia: quedarse en la vil anécdota. Por eso, de la trama sólo diré que hay un asalto a un furgón de dinero (bendito crimen con el que todos soñamos) y un investigador que llega a la sierra de Argentina para encargarse del caso.
Sin embargo, lo que sí hay que destacar es que Milo J. Krmpotic’ es un experto en el arte de hacer encaje de bolillos con el lenguaje. Lo tuerce, lo retuerce, lo trenza y anuda hasta crear dibujos con las palabras. No os dejéis engañar por ese apellido con tan pocas vocales, ya que el autor ha nacido en Barcelona y, para acabar de rizar el rizo, en esta novela se vuelve argentino. Semejante atrevimiento suele acabar mal, dando una apariencia falsa, de lenguaje de cartón piedra. Pues bien, Milo J. Krmpotic’ se muestra en esta novela más argentino que un alfajor, y a mí me fascina esa capacidad de disfraz literario, de la que ya hizo gala en Sorbed mi sexo.
Las tres balas de Boris Bardin se ha publicado en Caballo de Troya, un sello editorial dirigido por Constantino Bértolo. A este editor lo admiro por tantas razones (su trayectoria, su ojo avizor a la hora de descubrir autores…) que sonaría a elegía si las enumerara todas, así que no lo haré para ahuyentar al yuyu. Pero me daré un lujo que casi nunca me doy en las reseñas y es reproduciros más abajo el texto de contraportada que Bértolo escribió para esta novela. Un consejo: leed TODAS las contraportadas de Caballo de Troya que encontréis por ahí; constituyen un género en sí mismas.
Empezaremos con un AVISO PARA LIBREROS: ¡Atención!: el autor, aunque se llame Milo (como la Venus, por cierto) y aunque tenga ese apellido que no acertamos a pronunciar, nació en Barcelona, es decir: al menos por el momento conviene colocar su novela en “Narrativa española”. Gracias. Ni él ni su padre ni sus abuelos tienen la culpa de llevar este apellido que suena a guerra de los Balcanes. Este editor certifica que no ha matado a nadie. Dicho lo dicho, hemos de confesar que ha escrito un extraño thriller; polvos, sudor y sangre, el Cid cabalga. Extraño, porque no transcurre en Nueva York ni los personajes parecen monigotes pintados por Tarantino. A pesar de sus nombres, tan eslavos, son hijos, un poco bastardos eso sí, de la madre patria.
La cosa va de esto: “Llegué al lugar de madrugada, en auto, del modo en que uno debería siempre enfrentarse por primera vez a una ciudad argentina. Y puede que también a las del resto del mundo, pero eso sigo sin estar en condiciones de asegurarlo. Nunca salí de este país, lo que me dispensó el privilegio de verlo hundirse una y otra vez en la mierda. Y de hundirme a su lado, que las grandes fidelidades están para eso, para hacerte la ilusión de que hay alguien en condiciones de salvarte y acabar ahogándote de todos modos, sí, pero en compañía. Es la gran virtud de Argentina, que jamás te deja solo. Las miserias son compartidas o no son”.
Ya ven: algo semejante a lo que pronto podremos encontrar a la vuelta de la esquina si la crisis se ahonda e inunda nuestros apacibles chalets hipotecados.
Las tres balas de Boris Bardin de Milo J. Krmpotic’
Caballo de Troya
N.º págs: 160
PVP: 12,50 €
